¿POR QUÉ BAILAMOS? HISTORIA DEL BAILE, CULTURA RAVE Y CLUBBING
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Una reflexión sobre el baile, la cultura de club y la pertenencia: desde los rituales prehistóricos hasta los clubs y festivales de nuestros días
Movimiento. Ritmo. Danza. Ritual. Cuatro términos que nos acompañan desde que el concepto mismo de consciencia hizo su aparición en nuestro camino evolutivo, si no antes.
El origen de la danza se remonta a decenas de miles de años atrás, cuando las primeras comunidades utilizaban el baile y el ritmo con fines diversos: desde espantar a los malos espíritus hasta celebrar las piezas cazadas, pasando por los ritos iniciáticos o de emparejamiento.
Analizándolo, y pese a la enorme cantidad de tiempo transcurrida, poco o nada ha cambiado. Hoy, algunxs salen a bailar cada fin de semana para olvidarse de una mala racha, celebrar la nota de un examen, pisar un club por primera vez o conocer gente fuera de sus círculos habituales.
Pero, aun con todo, a todxs nos ha asaltado alguna vez, aunque sea de forma fugaz, la misma pregunta: ¿por qué bailamos? La respuesta es más compleja de lo que pudiera parecer. Tanto como el propio ser humano.
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¿Qué es el baile? Mueve el esqueleto, mueve los pies
Según la RAE, bailar se define como el acto de «ejecutar movimientos acompasados con el cuerpo, brazos y pies», aunque la realidad va mucho más allá. El movimiento físico es una cosa; sus causas, significados y consecuencias conforman otra mucho más amplia y excitante.
Para entender qué es el baile, debemos observar todo lo que hemos expresado históricamente a través de él. A lo largo de la historia de la danza, bailar ha servido para celebrar, despedir, agradecer, seducir, competir o demostrar la pertenencia a un grupo.
Ya en el Antiguo Egipto, el baile estaba presente en celebraciones y ceremonias religiosas y funerarias. En la Grecia clásica formaba parte de los rituales, pero también de la educación y la vida pública. Más tarde, mientras las danzas populares seguían acompañando las celebraciones comunitarias, el baile de corte se convirtió en una cuestión de etiqueta, posición social y poder. Múltiples usos, una misma raíz.
Bailar no siempre ha significado lo mismo, aunque probablemente siempre haya representado algo profundamente enraizado en nuestra condición de seres vivos. Ha servido para relacionarnos con aquello que no entendíamos, reforzar vínculos o señalar quién formaba parte de una comunidad.
En algunos casos, el propio cuerpo se ha convertido en una herramienta para conservar una cultura. Muchas tradiciones desarrolladas por comunidades africanas y por las poblaciones de la diáspora africana en el continente americano son inseparables de procesos de transmisión, adaptación y resistencia cultural. El baile funciona así como el archivo vivo de una sociedad.
Por eso, cualquier definición estrictamente física se queda corta. Más allá del movimiento se encuentra el aspecto cultural y humano, reforzado por el lugar y el momento. Bailamos, sí, pero rara vez lo hacemos por las mismas razones cuando estamos solos que cuando compartimos una pista, una plaza o cualquier otro espacio con decenas, centenares o miles de personas.
Historia del baile: la danza nace, el club se hace
Buena parte de la historia del baile también podría contarse a través de los lugares en los que ha ocurrido.
Las primeras celebraciones y ceremonias se desarrollaban en espacios compartidos que no existían exclusivamente para bailar. Con el crecimiento de las ciudades aparecieron lugares concebidos específicamente para reunir a las personas alrededor de la música y el movimiento.
Más allá de tabernas, eventos populares y actos rituales, las salas de baile, los cabarets y los dance halls de los siglos XIX y XX respondieron a una necesidad bastante reconocible: salir del entorno cotidiano y entrar en un espacio donde las reglas sociales podían ser diferentes y mucho más excitantes.
A aquellos espacios se acudía para bailar, pero también para relacionarse, conocer gente, escuchar música o pasar unas horas lejos de las obligaciones del día siguiente. El baile seguía siendo importante, pero el espacio construido a su alrededor empezaba a adquirir entidad propia.
Avanzado el siglo XX, la llegada de la música grabada volvió a transformar nuestra relación con el movimiento y el ritmo. También adquirió importancia la persona encargada de seleccionar la música. ¿Os suena?
¿Qué es el clubbing y cómo nace la cultura de club?
Para explicar qué es el clubbing debemos entender que un club no es únicamente una sala con música. Es la combinación de un espacio, un sonido, una comunidad, unos códigos y una forma compartida de vivir la noche.
En Jamaica, la cultura soundsystem ya había convertido la música grabada, el selector y el sistema de sonido en el centro de una experiencia colectiva. El sound clash y el dub desarrollaron una forma propia de relacionarse con la música, el espacio y el público.
En Nueva York, mientras tanto, la música disco transformaba las pistas de baile. Clubs como Paradise Garage llevaron todavía más lejos el papel del DJ. Larry Levan no se limitaba a poner discos, sino que construía viajes sonoros y entendía la noche como un recorrido musical.
Para las comunidades afroamericanas, latinas y queer, estos espacios también funcionaban como lugares de encuentro, protección, comunidad y pertenencia. Así comenzó a tomar forma lo que hoy conocemos como cultura de club o club culture: una identidad colectiva construida alrededor de la música, el baile y la pista.
¿Qué es el techno y de dónde viene la cultura rave?
A partir de ahí, la historia empezó a acelerarse.
En Chicago, tras la semilla plantada en Nueva York, nació el house, que desarrolló nuevas formas de entender la música de club a partir de la tradición disco y de la cultura del DJ.
Para comprender qué es el techno hay que viajar hasta Detroit. Allí, artistas afroamericanos tomaron elementos de la música electrónica europea y los mezclaron con el funk, el soul, la tecnología y la realidad social, racial e industrial de la ciudad. El resultado fue un lenguaje nuevo, futurista e inesperado.
Era cuestión de tiempo que aquellas músicas cruzaran el Atlántico. Durante los años ochenta y noventa, ciudades y escenas de Reino Unido, Alemania, Bélgica, Países Bajos y otros territorios reinterpretaron esas influencias y desarrollaron sus propias culturas de club y rave.
Pero ¿qué es la cultura rave? Es mucho más que una sucesión de fiestas multitudinarias. La cultura rave nació de la unión entre música electrónica, espacios alternativos, baile colectivo y una voluntad de crear comunidades temporales al margen de las normas cotidianas.
El sonido viajó en ambas direcciones y, con él, nuevas formas de entender la noche, el cuerpo y la relación entre música y comunidad. La cultura rave convirtió almacenes, fábricas, descampados y espacios abandonados en lugares de encuentro y expresión colectiva.
Quizá sea en ese punto donde conviene volver al principio. Un club no es una ceremonia prehistórica y una rave no es un ritual de iniciación: los contextos son diferentes. Sin embargo, resulta difícil no encontrar ciertas continuidades, como la necesidad de reunirnos, celebrar, dejar temporalmente a un lado la rutina o formar parte de una experiencia compartida.
La cultura se baila, se vive y se comunica
Hoy, los clubs y festivales siguen funcionando como lugares de conexión y descubrimiento. Vas para bailar, pero también para escuchar a un artista desconocido, asombrarte con nuevos géneros, encontrarte con alguien o acabar formando parte de una escena que hasta ese momento te resultaba ajena.
La escala y la tecnología han cambiado, pero la lógica de fondo sigue siendo reconocible.
Antiguamente, los miembros de una tribu transmitían verbalmente su conocimiento. Los escribas del Antiguo Egipto dejaban registro en papiros. Durante el Renacimiento, la imprenta permitió que la cultura llegara más lejos de lo que nadie había imaginado.
Hoy, incluso en una época dominada por las redes sociales y por cantidades inabarcables de información, sigue siendo necesaria la transmisión correcta, efectiva y fiel de los valores de una escena, una cultura o un movimiento.
La forma ha cambiado radicalmente desde aquellas primeras comunidades que bailaban alrededor de una celebración o un ritual, pero la idea de utilizar el ritmo y el movimiento para relacionarnos con otras personas continúa plenamente vigente.
Por eso esperamos durante horas a la entrada de un club, cogemos aviones para acudir a festivales en otros países o conservamos una pulsera o una entrada mucho después de que termine el evento.
Porque bailar es más que simplemente bailar.
Es historia, identidad, comunidad y pertenencia.
Es cultura rave.
Es cultura de club.